martes, julio 13, 2010

el espectáculo más grande del mundo

Durante muchos años de mi apestosa vida, me vi angustiado por el hecho de no saber si uno de los recuerdos que guardo de la infancia era real, o me lo había imaginado y a fuerza de repetirlo en la cabeza lo había plantado como un recuerdo real en mi memoria. El recuerdo era así:

De muy pequeño, yo era fan from hell de Cepillín (sí, el payasito de la tele, el de tara, tara la guitarra) debido a mi hoy avanzada edad, me tocó ver el primer programa de tele del payachito de la idem, bueno, no sé si el primero, primero, pero sí la primera serie de programas que hizo.

El caso es que siendo yo un imberbe mocoso de, yo calculo unos cinco años, mi jefa llega un día y me dice que me va a llevar a ver a Cepillín y al hombre verde. Lo del hombre verde, la neta me valió como dos toneladas de madres, pero lo de Cepillín si me prendió machín, máxime que el programa de tele del payachito de la misma, había dejado de transmitirse al menos un año antes, por lo que yo traía un sindrome de abstinencia payasil bastante cabrón.

Aunque ahora que lo pienso, no puedo más que admirar a la mente creativa que decidió que lo que necesitaba el DF era un espectáculo super cabronsísimo en el que se conjuntaran los talentos del chepillín y el "hulks", por parte del payaso no hay pedo. Ponlo a cantar y a bailar y tara tara la guitarra y ya estuvo, pero ¡¿Qué chingadísimas madres haces con un cabrón sordo y mamadísimo cuya máxima gracia era dejarse pintar de verde, ponerse ropa rota y gruñir como cuerco?! Pues a este visionario del choubisnes, le valió madres y se organizó su magno evento.

Llegó el gran día, llegamos a lo que yo recuerdo que era el gimnasio Juan de la Barrera, ahí hicimos fila durante horas, o al menos eso me pareció, hasta que finalmente un torrente imposible de contar (porque yo tenía 5 años y nomás sabía contar hasta el cien) de mocosos salió del recinto (ahora supongo que en el mismo día hubo más de una función y a mí me tocó la segunda o tercera de tan maño, digo magno espectáculo).

Después de que el local fue desalojado, pudimos entrar y ocupar nuestros lugares, el acomodo de las sillas era una cosa entre quinciaños y mitín del PRI en los ochenta. En el centro del lugar había un majestuoso escenario de más o menos 6 por 6 metros y elevado como ochenta centímetros del piso.

Anunciaron la primera, segunda y tercera llamadas y finalmente las luces se apagaron y entró al recinto el gurú de la payasología televisiva al ritmo de "La feria de Cepillín". No recuerdo en que momento, pero debe haber sido al inicio del espectáculo, Cepillín anunció que se trataba de un show conceptual con una trama complicadísima y muy cabrona con una estructura basada en los clásicos de la literatura del siglo de oro español cruzado con expresionismo alemán y surrealismo sesentero de cine de luchadores, en la que en algún momento un grupo de truhanes atentarían contra la integridad física del kingpin de los payasos de la telera, pero se hizo hincapié en que Cepillín no sería lastimado de ninguna forma, que estuvieramos tranquilos, que el ídolo payasil de la chamacada no sería dañado de ninguna forma.

Una vez hecho el anuncio, comenzó el chow: el Cepi se cantó sus greatest hits y todo iba pocasujefa, hasta que de pronto, un grupo de luchadores entra corriendo al lugar y procede a partirle su mandarina en gajos al ídolo de mi juventú... (ahí me enteré de que los luchadores eran los únicos enemigos naturales y depredadores que tienen los payasos de la tele en su hábitat natural) primero me asusté, pero luego recordé la advertencia y me tranquilicé (al paso de los años hice la conjetura de que la advertencia había sido incluída en el show debido a que en alguna función anterior debe haber habido cientos de niños chillando, ante la imagen del heroe caído. Aunque me gusta más pensar que ante el ataque, una horda enardecida de enanos mocosos fanseses de Cepillín habían intentado linchar a los luchadores)

Como haya sido, el caso es que los representantes del pancracio abarataban chulamente a Cepillín sin que hubiera ninguna esperanza, hasta que de pronto, las luces del escenario viraron a verde y con característica música de pianito como fondo, pasó corriendo junto a mí la figura del mismísimo Lou Ferrigno, el Hulk de la tele. Las luces verdes eran porque el presupuesto no daba para pagar la caracterización, supongo, porque hasta donde recuerdo el Hulk no estaba pintado sino nada más alumbrado de verde.

En ese momento el Hulk de la tele llega al escenario a salvar al payasito de la tele poniéndose parejos a los luchadores. Cepillín presenta al invitado, la banda asistente aplaude al "hombre verde" y el mencionado mostro sale corriendo igual de rápido que como entró. Acto seguido y una vez reestablecido el orden del universo tal como lo conocíamos, Cepillín se avienta otras rolitas y el chow llega a su fin.

Eso es lo que yo siempre he recordado, pero conforme crecía, la verdad dudé muchas veces de esas imágenes, creyendo que a nadie en el mundo se le hubiera ocurrido hacer un espectáculo tan pacheco y estrambótico como el que acabo de narrar.

Así pasaron hartos años, hasta que hace poco mientras baboseaba por la web encontré esto:




¡¡¡La prueba de que fue real!!! No crecí con una mentira. La verdad es que no sé si todos los detalles que recuerdo son reales, pero lo que sí es cierto es que dicho espectáculo existió y yo estuve ahí. Que me perdone U2, el Cirque du Soleil y el Ringling Bros. pero yo que lo viví, puedo decir que fuel el chow más cabronsísimo que he visto en mi vida, no por nada lo recuerdo tan detalladamente tantísimos pinches años después, me cae que ya no hacen espectáculos como antes. Chale...

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