jueves, diciembre 03, 2009

El gay reclutador


Antes de que empiece la andanada de ataques, de gritos de ¡homofóbico! Y una turba enardecida me persiga para quemarme en una hoguera a la entrada de algún establecimiento cuyo nombre termine en “ito” (y que no es restaurante japonés) en una orgia de sangre y coreografías de canciones del grupo Jeans; debo aclarar.

Sí. Tengo reclamaciones contra algunos gays, pero no contra todos. Todos, incluso los más emplumados miembros de la comunidad gay, tienen que aceptar que entre sus filas hay algunos miembros, (iba a hacer un chiste, ya saben: miembros, comunidad… pero mejor se lo dejo a ustedes) que se ganan a pulso el rechazo de sus congéneres. Entre las filas de la comunidad, hay un gupo que no ayuda en nada al avance de la sociedad:



“El gay reclutador”



Este personaje es áquel que no se conforma con ser homosexual, ni se conforma con que haya un chingo de gente que comparte sus intereses y orientación sexual ¡No! Esta persona, es la que quiere que todo mundo sea homosexual, es más, no sólo lo quiere, está seguro de que dentro de cada ser humano sobre la tierra, existe el latente capullo de un gay reprimido que busca florecer extendiendo sus pétalos hacia el exterior del closet.





Estos seres son el equivalente gay de los testigos de Jehova, ya saben, anda uno tan tranquilo por el mundo sin creer en Dios, cuando de pronto a las 8 de la mañana de un domingo suena el timbre, te levantas con una cruda de grado 7 en la escala de Mercalli, abres la puerta y un señor de traje o una señora de vestido floreado y cargando un portafolios te pregunta que si has leído la biblia. Pues más o menos la misma cosa, nada más que en lugar de un domingo a las ocho, generalmente estás en una fiesta o en un antro con varios cuates, alguno o algunos de los cuales “happen to be” gay, pero igual, tú andas por el mundo muy tranquilo sin pensar en revolcarte desnudo con alguien de tu mismo sexo, cuando out of the fucking blue, alguien, no necesariamente de traje ni de vestido floreado, te pregunta que si nunca has pensado en tener relaciones con otro carnal (lo siento, pero mi experiencia sólo es de machín, la verdad no se como se maneje entre mujeres porque nunca me ha abordado una lesbiana).

Por lo menos con los testigos de Jehova sabes que les cierras la puerta y a la chingada, pero con el gay reclutador, sigue una retahíla de frases onda:


¿Pero, cómo sabes si no lo has probado?


- Tampoco he probado ser torturado por judiciales, pero estoy seguro que se siente de la chingada.


¿Cómo puedes saber que no eres gay?


- Porque cuando veo una mujer me dan ganas de tirármela y cuando veo a un wey me dan ganas de… no sé, echar una cascarita o ir al billar.

Y la famosísima


“A mí se me hace que sí, pero tienes miedo”


-¿Miedo yo? ¿Tú crees que me da miedo intentar tener sexo con otro hombre? Pues sí, y no sólo miedo, es toda una combinación de sensaciones desagradables, de hecho eso es lo que me confirma que no soy gay.




Les advierto, la próxima que algún gay reclutador quiera convencerme, yo voy a empezar a joder con que ser homosexual es un desorden psicológico y se puede curar, para que vean lo que se siente.

Era ella

Era ella, en el momento no lo supe, en el momento creí que se trataba de una más y nos separamos.
Pero ahora sé que pudo haber sido la mujer que cambiaría mi vida, apenas unas semanas juntos y llegó el desenlace. Todavía recuerdo esa noche, en medio de la tranquilidad de una pintoresca cabañita en Oaxtepec.
Ese día habíamos disfrutado la compañía del otro como nunca antes, nuestro amor se deslizó por los toboganes, nuestra pasión chacualeaba en el “chapotiadero” y nuestro destinó se selló a panzasos desde el trampolín de tres metros. Al llegar el atardecer, el amor que sentíamos se derramaba como los pedazos de pan bimbo que le prodigabamos a los patos que nadaban en las aguas sulfurosas de la cúpula geodésica, aún hoy no puedo oler un canal de desagüe o un huevo cocido sin recordarla.




La noche nos sorprendió llegando a la cabaña. El splish, splash del chapotiadero despertó en mí unas ganas irrefrenables de besarla, el verla ahí en todo su esplendor me volvía loco. Su figuraba se adivinaba seductora debajo del fondo que había usado para nadar y la humeda playera, en la que la leyenda “Labastida presidente” apenas alcanzaba a cubrir el corpiño azul marino que se transparentaba, desataba mi pasión. Esa visión me arrebataba, en ese momento me atacó un deseo irrefrenable de arrancarle la ropa y deshacerme de mi camiseta “Rimbros” de tirantitos y mis chores del América. De algún modo pude contenerme, me acerqué hacía ella, el silencio de la noche se rompió con el inconfundible ¡splaf! ¡splaf! de mis chancletas de pata de gallo, ella al voltear a mis pies y descubrirlos enfundados en unos elegantísimos calcetines ejecutivos color beige no pudo contener un escalofrío de deseo. Llegué a su lado, y al tiempo que desamarraba sus trenzas, con mi voz más seductora, grave y profunda le susurré al oído un sensual: “Chata, destapate otra caguama”.
Ella no pudo más que estremecerse hasta lo más profundo de su ser, diligente se dirigió a la hielera de unicel y de ella extrajo la última guama de vicky que quedaba, con la caguama en las manos se volteó a mirarme provocativa, acercó la boca de la botella a sus labios y de forma por demás sugestiva la destapó con los dientes, la espuma salpicó su cara y yo ardiendo de deseo me lancé sobre ella, la tomé entre mis brazos y la lleve a la habitación, una vez ahí ella se deshizo de mi agarre y seductora encendió el radio, yo ardiendo de deseo me empiné la caguama mientras ella subía el volumen y comenzaba el más sensual estriptís que he visto en mi vida, se despojó de la ropa siguiendo la cadencia de la música: “peeeerdoname miamorrrrrrrr… …por ser tan guapo” la acariciadora voz de Rigo Tovar acompañó la danza, cuando finalmente ella quedó completamente desnuda, mis ojos recorrieron todo su cuerpo.



Ella, coqueta, roció las partes de su cuerpo que despertaban mi pasión con el seductor aroma de pasión gitana de AVON, yo, que ya me había comenzado a desnudar, di saltitos de pasión ya sin playera y con los calzones y los chores a la altura de los tobillos.
Más que abrazarla, le di una “tacleada” de pasión que hizo que nuestros cuerpos ansiosos se desplomarán sobre la cama. En ese momento sentí una punzada en el pecho, creí que la pasión era demasiada para mi pobre corazón hasta que me di cuenta de que el brinco con el que caímos a la cama, había botado un resorte del colchón que simplemente no había podido con los 173 kilos de pasión de nuestros cuerpos enlazados. Por un momento logré controlarme y planee la estrategía de mi pasión, con delicadeza me decidí a empezar a saborear su cuerpo desde la punta de sus “pieses”. Mi boca empezó a deslizarse por los delicados dedos, empecé por el pulgar (el único que tenía debido a un accidente sufrido con la maquinaria de la tortillería “la toma de Zacatecas” en la que había trabajado) acto seguido mi lengua recorrió el contorno de su ojo, de pescado, el inconfundible sabor de la pomada “derman” despertó mi más bajos instintos. Como un rayo seguí hasta sus pantorrillas, mi lengua seguía el sinuoso camino que describían sus varices, ella a punto del desmayo, sólo atinó a decir: “Oh, ‘state. ¿Es de que no ves que soy re cosquilluda?”
En ese momento no púde contenerme más y me avalancé sobre ella. Comencé la danza del amor, los dos moviéndonos con una perfecta sincronización. El único sonido que rompía el silencio de la noche, era el “splaf, splaf” cada vez que nuestras panzas chocaban durante la arremetida amatoria, combinado con el splish, splash de las olas del chapotiadero. Después de más de 45 segundos de violenta pasión, nuestros extenuados cuerpos bañados en sudor se dieron un descanso. Yo, encendí un delicado sin filtro mientras la observaba dormir. La estridencia de sus ronquidos me dejó en claro que estaba agotada, y era obvio: nunca había conocido un amante como yo, un verdadero hombre capaz de brindarle maratones sexuales de casi un minuto de duración.
En este momento mi mente vuela al primer momento en el que me cuestioné acerca de si era o no la mujer de mi vida. Ahora lo recuerdo claramente, fue mientras conducía de regreso por la carretera libre México – Cuernavaca.



Desde ese momento supe que si era ella, la había perdido para siempre. Ella nunca podría perdonarme… después de todo la había dejado colgada con la cuenta de la cabña y me había robado su brasilia 77, con la cual me dirigía a un deshuesadero de Texcoco… mi único consuelo en ese entonces, como ahora, es saber que ella nunca olvidará aquella noche de octubre en Oaxtepec.

Musica electrónica, o como dijo fobia ¡Maten al DJ!

Esta semana en su página de confianza, el tema es la música electrónica, que la neta… la neta… la neta… pos no es lo mío. No es que no me guste, lo que pasa es que como que no me prende, igual le ha de pasar a otros con el punk, el garage o los pornocorridos. El caso es que la música electrónica, nomás no es de mis preferencias, aunque no quiero decir que sea mala. Pero con la música electrónica sucede algo que pasa con la mayoría de las cosas que son chidas en sus inicios, se tuercen, se corrompen, pa’ pronto valen madre y dan pie a fenómenos tan cabronamente pinchísimos como el que esta semana me ocupa, yo no tendría queja contra la música electrónica si no fuera porque:

TODO EL MUNDO ES UN PUTO DJ



Así es, la gran enfermedad de nuestro tiempo, es el complejo de DJ. En los 90’s la onda era “Todos somos Marcos” y en los 2miles el pedo es “Todos somos DJ”.

Al inicio esto empezó inocentemente, como un fenómeno, en el que gracias a la tecnología, casi cualquiera podía dar salida a sus inquietudes musicales, pero ahora ha llegado a niveles insoportables, ahora cualquier wey que tiene en su lap el *TRAKTOR, y se pone de nick en el msn “DJ huauzontle” o “DJ hype classic” o whatever ya se siente la siguiente promesa de la música electrónica. Ahí les van los escenarios:

Estás en una fiesta, todo mundo se la está pasando pocamadre oyendo el ipod de no se quien en shuffle, no pasa de que después de una rola de Interpol el ipod decida poner “quen pompó” de Chico Ché y la crisis, pero pos total, le das skip y ya’stuvo, el pedo es que de pronto llega “el amigo DJ” (todos tenemos por lo menos uno ¡saludos DJ blinky y DJ spy!) cargando su mixer, la cosa esa como torna pero pa’ CD, o pa mezclar 2 ipods, y al menos dos bafflesotes y ahora sí ¡a correr gente de la party!
El pedo es que como ya lo dije, todos creemos que podemos ser DJ, si alguien llega y te dice que es guitarrista le puedes decir “A ver tocate una de los stones”, pero si alguien te dice que es DJ, ¿qué? ¿le dices que se ponga un disco? Es como si porque en mi compu tengo el photoshop ya digo que soy diseñador. ¡Pos no!

Conoces otro “DJ” y le preguntas que a ver cuando te invita a verlo tocar y te responde “No, es que yo más bien me dedico a eventos privados”
¡Wey! No eres DJ, lo que tú haces es poner cumbias en bautizos y “payaso de rodeo” en bodas. Es como si yo digo que soy bailarín profesional porque me alquilo como chambelán pa las quincea-ñeras de la colonia.

Ni modo, a la fiesta llegó el amigo DJ del wey de la casa y se pone a tocar, de inmediato el ambiente de la fiesta cambia porque la música no la conoce nadie, al cuestionar al sujeto en cuestión te responde: “Es que mi onda es más esto, es como más mi estilo, o sea, en mi set no voy a meter lo mismo que toca todo mundo”
Perdón ¿mi estilo? ¿mi set? ¡Cálmate pinche Oakenfold de la del Valle! Sabes qué ¡A nadie le importa, no tienes estilo, no tienes set, no tienes nada, no eres dj, no eres nadie!

Ante el poco entusiasmo que despertó el Van Buuren de Tulyehualco, otro espontaneo se acerca con la intención de tomar su turno al frente de la música ¿quién? No importa, porque ¡TODO MUNDO ES UN PUTO DJ! y para demostrar que el sí está bien cabronsísimo, va dispuesto a poner a todo mundo a bailar a como dé lugar.
El caso es que cuando el DJ improvisado está determinado a hacer bailar a la banda, recurre a cosas como mezclar tracks del “¡Now that’s what i call music!” edición 1999 con tracks de una compilación, de hace seis años, que le enjaretó una chava al son de “Hola, amigo. ¿Te gusta la música electrónica?” en un mixup y que nomás compró porque la chava estaba re-pechugona, lo que le da a la fiesta el soundtrack de un antro acapulqueño a las cuatro de la mañana. Déjenme contarles que hace unos años un amigo era bartender en el bulldog, lo que permitió que una vez estando yo hasta la madre como a las 5:00 am, me pasara detrás de la barra y me pusiera a atender a la clientela, cuando me pedían un trago yo nomás preguntaba de qué color era y cuando mi cuate me respondía “ese es como rojito” o “como del color del sidral” yo me dedicaba a revolver de todo hasta que obtenía el color deseado, pero obviamente la ley de probabilidad dice que a nadie le serví lo que me pidió. Más o menos lo mismo pasa hoy con los DJ’s de hobbie. Yo serví tragos esa noche, tenía todo lo necesario: vasos, hielos y hartas botellas de colores ¡Pero no por eso tengo los huevos de decir que soy bartender! Hay quienes ponen música, tienen todo el equipo necesario, pero igual que yo tras la barra, no tienen idea de lo que están haciendo, pero ellos sí tienen los huevos de decir que son DJ’s. Total, cuando yo mezclo tragos cuando mucho le dare en la madre a unos cuantos hígados, cuando tú mezclas música… le das en la madre a todos los asistentes a la pinche fiesta.



Nomás le recuerdo, no todos podemos ser DJ, alguien tiene que bailar… y yo no sé hacerlo. Chale...

truenes

Más tarde que nunca, me dispongo a escribir el post de la semana. La neta al principio pensé que iba a estar bien fácil, pero mientras más lo pensaba, más complicado se me hacía saber por dónde atacar el asunto, pero ya que esta honorable columna se ocupa de las reclamaciones, me ocuparé de las cosas más pinches de tronar con alguien.


En primer lugar está la incertidumbre, es que no hay un manual de procedimientos para tronar con alguien.

-¿Me veré muy ardilla si la borro de mis contactos de msn, feisbuk, maispeis, jaifai, tagged, tuiter, etc.? ¿O me espero a que ella me borre?

-¿Qué chingados hago con las tres toneladas de cochinadas que tengo de ella? Cartitas, regalos (obvio, no los caros. No voy a tirar el ipod que me regaló a la basura. Ando herido pero no soy pendejo), tarjetas, el sweater que dejó en el carro, el cepillo de dientes que usaba cuando se quedaba en mi casa, etc. ¿Los tiro? ¿Los quemo? ¿Los regalo? O ¡ya sé! Primero les prendo fuego, luego los tiro y regalo las cenizas… pero… ¿y si a la hora de la hora regresamos?




-Las fotos ¿qué pedo? La lógica diría que las rompiera, tirara o borrara de mi cel y disco duro… pero en unas sale mi tía Chuchis, y ella qué culpa tiene, o resulta que está junto a mi en toooooodas las fotos de mi graduación, pos tampoco es para tanto y tampoco voy a photochopiar 300 fotos. Entonces ¿qué les hago?

-Resulta que acabamos de la chingada, no nos hablamos, no nos dirigimos la palabra. ¿Y su familia? ¿Le dejo de hablar a todos? ¿A su hermano? Está cabrón porque trabajamos juntos, de hecho por eso la conocí… ¿Y si le dan un ascenso? ¿Y si se vuelve mi jefe? ¿Y si me corre?

-Y la más grande interrogante. ¿Cuánto tiempo dejo pasar para invitar a salir a su amiga?



Pues con todo lo que ha avanzado la ciencia, no hay respuesta para esas preguntas. Lo que sí puedo hacer es recomendar algunos tips para que cuando pase, el madrazo no sea tan fuerte…


-No compren nada entre los dos, igual un pulparindo o un pomo, no hay bronca. Pero he sabido de gente lo suficientemente estúpida como para comprar un coche entre los dos, o una computadora, es más, supe de un par de imbéciles que dieron el enganche para un depto. Para acabar pronto, no compren entre los dos nada que supere el valor de cuatro caguamas (cervezas, no tortugas)


-Jamás, bajo ninguna circunstancia, se hagan de una mascota que es de “los dos”. He visto divorcios en los que la repartición de la casa y los hijos es menos complicada que la discusión de ¿Y quién se va a quedar con fluffy?


-No sé si haya algún equivalente a esto para las chavas, pero si eres hombre. No andes con ninguna mujer cuyo papá sea judicial, o tenga un hermano campeón nacional de kickboxing (a menos que tu seas campeón mundial) y si ya cometiste la estupidez, ni por error permitas que el truene sea porque ella te cachó poniéndote el cuerno. Esta parte es seria, yo conocí a un wey que le puso el cuerno a su chava, y ella por ardilla lo acusó de violación y como el papá de ella era agente del M.P. al cuate le dieron tanque en dos patadas y ahorita está condenado a 12 años.


-La peor de todas, nunca, jamás, bajo ninguna razón, ni borracho, ni drogado, ni de ninguna forma, te tatúes su nombre o sus iniciales. Ni aunque ya te vayas a casar, ni aunque ya estés casado, ni aunque tengas 50 años de casado, no te hagas ese tatuaje. (Wazzup, dude?!)



Ya para despedirme déjenme platicarles que lo peor que me ha pasado ha sido terminar una relación por culpa de un tercero… digo, el primero y el segundo se los perdoné, pero ya el tercero me pareció que se estaba pasando de yemas. Por eso, secundo el concepto de otro blog: Si pones el cuerno… ¡¡Güevos!!

Soy el mexicano promedio

Una de las grandes frustraciones de mi vida, además de la que me causa no poder lanzar rayos por los ojos como Supermán, es la de no tener señas partículares, yo creo que por eso nunca me perdí de niño, por temor a que no me encontrarán. O sea, tengo un lunar en la nalga derecha, pero supongo que cuando eres niño perdido no te andan revisando las nalgas, por lo menos no para fines de identificación.

Ahí les va la media filiación:

Ojos: café

Nariz: Recta

Cabello: Negro

Complexión: Media

Boca: Mediana

Estatura: Regular

Color de piel: clara

O sea, entre dos, paso desapercibido. Sólo faltaría que mi piel tuviera un patron de camuflaje para de plano ser invisible.

Pero lo peor es que esa característica (la falta de particularidades) no es sólo a nivel físico, sino que se extiende a mi personalidad: no soy zurdo, ni virtuoso en nada, ni especialmente melancólico, animado, festivo, depresivo, serio, déspota, liberal, conservador, ácido, gracioso, vicioso, violento, enamoradizo; es más, no soy especialmente nada. Lo mío, lo mío es la medianía, sin llegar a ser mediocre, porque ni siquiera podría ser identificado como mediocre, ni como ninguna otra cosa.

Soy esa persona que cuando es descrita por los demás es definida como “buena onda”, pero tampoco soy el más buena onda, tengo amigos que dedican su tiempo a obras de beneficencia y eso, creo que yo simplemente no soy ojete y eso automáticamente me convierte en “buenaondita”.

Por otro lado, no soy alérgico a nada, no le tengo fobia a nada, no tengo traumas (por lo menos ninguno que me defina) ni manías (me muerdo las uñas pero pus eso qué).

No tengo ninguna anécdota en la que mi vida haya estado en peligro, ni he salvado a nadie, ni tuve un personaje que cambiara mi vida (uno de esos maestros milagrosos, un gurú, ni siquiera un brujo de Catemaco).

No sé tocar ningún instrumento, ni puedo cantar, ni bailar, ni actuar, ni pintar (puedo dibujar ahí 2 que 3, pero nada extraordinario).

Una de las pocas peculiaridades que tengo, es que desde hace años me pinto mechones de cabello de variadísimos colores. El colmo es que la semana pasada, un amigo a quien tengo años de conocer me vio y me dijo: “¿Es mi imaginación o tienes el pelo azul?” a lo que yo respondí “Sí, es azul” y entonces él salió con: “¿Y qué te dio ahora por pintarte el pelo?” En ese momento quise darme un balazo, a lo mejor ahora sí podría ser identificado por todos como “el suicida” pero no lo hice por miedo a que nadie pudiera identificar mi cadaver… ¡Chale!