
Antes de que empiece la andanada de ataques, de gritos de ¡homofóbico! Y una turba enardecida me persiga para quemarme en una hoguera a la entrada de algún establecimiento cuyo nombre termine en “ito” (y que no es restaurante japonés) en una orgia de sangre y coreografías de canciones del grupo Jeans; debo aclarar.
Sí. Tengo reclamaciones contra algunos gays, pero no contra todos. Todos, incluso los más emplumados miembros de la comunidad gay, tienen que aceptar que entre sus filas hay algunos miembros, (iba a hacer un chiste, ya saben: miembros, comunidad… pero mejor se lo dejo a ustedes) que se ganan a pulso el rechazo de sus congéneres. Entre las filas de la comunidad, hay un gupo que no ayuda en nada al avance de la sociedad:
“El gay reclutador”
Este personaje es áquel que no se conforma con ser homosexual, ni se conforma con que haya un chingo de gente que comparte sus intereses y orientación sexual ¡No! Esta persona, es la que quiere que todo mundo sea homosexual, es más, no sólo lo quiere, está seguro de que dentro de cada ser humano sobre la tierra, existe el latente capullo de un gay reprimido que busca florecer extendiendo sus pétalos hacia el exterior del closet.

Estos seres son el equivalente gay de los testigos de Jehova, ya saben, anda uno tan tranquilo por el mundo sin creer en Dios, cuando de pronto a las 8 de la mañana de un domingo suena el timbre, te levantas con una cruda de grado 7 en la escala de Mercalli, abres la puerta y un señor de traje o una señora de vestido floreado y cargando un portafolios te pregunta que si has leído la biblia. Pues más o menos la misma cosa, nada más que en lugar de un domingo a las ocho, generalmente estás en una fiesta o en un antro con varios cuates, alguno o algunos de los cuales “happen to be” gay, pero igual, tú andas por el mundo muy tranquilo sin pensar en revolcarte desnudo con alguien de tu mismo sexo, cuando out of the fucking blue, alguien, no necesariamente de traje ni de vestido floreado, te pregunta que si nunca has pensado en tener relaciones con otro carnal (lo siento, pero mi experiencia sólo es de machín, la verdad no se como se maneje entre mujeres porque nunca me ha abordado una lesbiana).
Por lo menos con los testigos de Jehova sabes que les cierras la puerta y a la chingada, pero con el gay reclutador, sigue una retahíla de frases onda:
¿Pero, cómo sabes si no lo has probado?
- Tampoco he probado ser torturado por judiciales, pero estoy seguro que se siente de la chingada.
¿Cómo puedes saber que no eres gay?
- Porque cuando veo una mujer me dan ganas de tirármela y cuando veo a un wey me dan ganas de… no sé, echar una cascarita o ir al billar.
Y la famosísima
“A mí se me hace que sí, pero tienes miedo”
-¿Miedo yo? ¿Tú crees que me da miedo intentar tener sexo con otro hombre? Pues sí, y no sólo miedo, es toda una combinación de sensaciones desagradables, de hecho eso es lo que me confirma que no soy gay.

Les advierto, la próxima que algún gay reclutador quiera convencerme, yo voy a empezar a joder con que ser homosexual es un desorden psicológico y se puede curar, para que vean lo que se siente.



