jueves, diciembre 03, 2009

Musica electrónica, o como dijo fobia ¡Maten al DJ!

Esta semana en su página de confianza, el tema es la música electrónica, que la neta… la neta… la neta… pos no es lo mío. No es que no me guste, lo que pasa es que como que no me prende, igual le ha de pasar a otros con el punk, el garage o los pornocorridos. El caso es que la música electrónica, nomás no es de mis preferencias, aunque no quiero decir que sea mala. Pero con la música electrónica sucede algo que pasa con la mayoría de las cosas que son chidas en sus inicios, se tuercen, se corrompen, pa’ pronto valen madre y dan pie a fenómenos tan cabronamente pinchísimos como el que esta semana me ocupa, yo no tendría queja contra la música electrónica si no fuera porque:

TODO EL MUNDO ES UN PUTO DJ



Así es, la gran enfermedad de nuestro tiempo, es el complejo de DJ. En los 90’s la onda era “Todos somos Marcos” y en los 2miles el pedo es “Todos somos DJ”.

Al inicio esto empezó inocentemente, como un fenómeno, en el que gracias a la tecnología, casi cualquiera podía dar salida a sus inquietudes musicales, pero ahora ha llegado a niveles insoportables, ahora cualquier wey que tiene en su lap el *TRAKTOR, y se pone de nick en el msn “DJ huauzontle” o “DJ hype classic” o whatever ya se siente la siguiente promesa de la música electrónica. Ahí les van los escenarios:

Estás en una fiesta, todo mundo se la está pasando pocamadre oyendo el ipod de no se quien en shuffle, no pasa de que después de una rola de Interpol el ipod decida poner “quen pompó” de Chico Ché y la crisis, pero pos total, le das skip y ya’stuvo, el pedo es que de pronto llega “el amigo DJ” (todos tenemos por lo menos uno ¡saludos DJ blinky y DJ spy!) cargando su mixer, la cosa esa como torna pero pa’ CD, o pa mezclar 2 ipods, y al menos dos bafflesotes y ahora sí ¡a correr gente de la party!
El pedo es que como ya lo dije, todos creemos que podemos ser DJ, si alguien llega y te dice que es guitarrista le puedes decir “A ver tocate una de los stones”, pero si alguien te dice que es DJ, ¿qué? ¿le dices que se ponga un disco? Es como si porque en mi compu tengo el photoshop ya digo que soy diseñador. ¡Pos no!

Conoces otro “DJ” y le preguntas que a ver cuando te invita a verlo tocar y te responde “No, es que yo más bien me dedico a eventos privados”
¡Wey! No eres DJ, lo que tú haces es poner cumbias en bautizos y “payaso de rodeo” en bodas. Es como si yo digo que soy bailarín profesional porque me alquilo como chambelán pa las quincea-ñeras de la colonia.

Ni modo, a la fiesta llegó el amigo DJ del wey de la casa y se pone a tocar, de inmediato el ambiente de la fiesta cambia porque la música no la conoce nadie, al cuestionar al sujeto en cuestión te responde: “Es que mi onda es más esto, es como más mi estilo, o sea, en mi set no voy a meter lo mismo que toca todo mundo”
Perdón ¿mi estilo? ¿mi set? ¡Cálmate pinche Oakenfold de la del Valle! Sabes qué ¡A nadie le importa, no tienes estilo, no tienes set, no tienes nada, no eres dj, no eres nadie!

Ante el poco entusiasmo que despertó el Van Buuren de Tulyehualco, otro espontaneo se acerca con la intención de tomar su turno al frente de la música ¿quién? No importa, porque ¡TODO MUNDO ES UN PUTO DJ! y para demostrar que el sí está bien cabronsísimo, va dispuesto a poner a todo mundo a bailar a como dé lugar.
El caso es que cuando el DJ improvisado está determinado a hacer bailar a la banda, recurre a cosas como mezclar tracks del “¡Now that’s what i call music!” edición 1999 con tracks de una compilación, de hace seis años, que le enjaretó una chava al son de “Hola, amigo. ¿Te gusta la música electrónica?” en un mixup y que nomás compró porque la chava estaba re-pechugona, lo que le da a la fiesta el soundtrack de un antro acapulqueño a las cuatro de la mañana. Déjenme contarles que hace unos años un amigo era bartender en el bulldog, lo que permitió que una vez estando yo hasta la madre como a las 5:00 am, me pasara detrás de la barra y me pusiera a atender a la clientela, cuando me pedían un trago yo nomás preguntaba de qué color era y cuando mi cuate me respondía “ese es como rojito” o “como del color del sidral” yo me dedicaba a revolver de todo hasta que obtenía el color deseado, pero obviamente la ley de probabilidad dice que a nadie le serví lo que me pidió. Más o menos lo mismo pasa hoy con los DJ’s de hobbie. Yo serví tragos esa noche, tenía todo lo necesario: vasos, hielos y hartas botellas de colores ¡Pero no por eso tengo los huevos de decir que soy bartender! Hay quienes ponen música, tienen todo el equipo necesario, pero igual que yo tras la barra, no tienen idea de lo que están haciendo, pero ellos sí tienen los huevos de decir que son DJ’s. Total, cuando yo mezclo tragos cuando mucho le dare en la madre a unos cuantos hígados, cuando tú mezclas música… le das en la madre a todos los asistentes a la pinche fiesta.



Nomás le recuerdo, no todos podemos ser DJ, alguien tiene que bailar… y yo no sé hacerlo. Chale...

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