Una de las grandes frustraciones de mi vida, además de la que me causa no poder lanzar rayos por los ojos como Supermán, es la de no tener señas partículares, yo creo que por eso nunca me perdí de niño, por temor a que no me encontrarán. O sea, tengo un lunar en la nalga derecha, pero supongo que cuando eres niño perdido no te andan revisando las nalgas, por lo menos no para fines de identificación.
Ahí les va la media filiación:
Ojos: café
Nariz: Recta
Cabello: Negro
Complexión: Media
Boca: Mediana
Estatura: Regular
Color de piel: clara
O sea, entre dos, paso desapercibido. Sólo faltaría que mi piel tuviera un patron de camuflaje para de plano ser invisible.
Pero lo peor es que esa característica (la falta de particularidades) no es sólo a nivel físico, sino que se extiende a mi personalidad: no soy zurdo, ni virtuoso en nada, ni especialmente melancólico, animado, festivo, depresivo, serio, déspota, liberal, conservador, ácido, gracioso, vicioso, violento, enamoradizo; es más, no soy especialmente nada. Lo mío, lo mío es la medianía, sin llegar a ser mediocre, porque ni siquiera podría ser identificado como mediocre, ni como ninguna otra cosa.
Soy esa persona que cuando es descrita por los demás es definida como “buena onda”, pero tampoco soy el más buena onda, tengo amigos que dedican su tiempo a obras de beneficencia y eso, creo que yo simplemente no soy ojete y eso automáticamente me convierte en “buenaondita”.
Por otro lado, no soy alérgico a nada, no le tengo fobia a nada, no tengo traumas (por lo menos ninguno que me defina) ni manías (me muerdo las uñas pero pus eso qué).
No tengo ninguna anécdota en la que mi vida haya estado en peligro, ni he salvado a nadie, ni tuve un personaje que cambiara mi vida (uno de esos maestros milagrosos, un gurú, ni siquiera un brujo de Catemaco).
No sé tocar ningún instrumento, ni puedo cantar, ni bailar, ni actuar, ni pintar (puedo dibujar ahí 2 que 3, pero nada extraordinario).
Una de las pocas peculiaridades que tengo, es que desde hace años me pinto mechones de cabello de variadísimos colores. El colmo es que la semana pasada, un amigo a quien tengo años de conocer me vio y me dijo: “¿Es mi imaginación o tienes el pelo azul?” a lo que yo respondí “Sí, es azul” y entonces él salió con: “¿Y qué te dio ahora por pintarte el pelo?” En ese momento quise darme un balazo, a lo mejor ahora sí podría ser identificado por todos como “el suicida” pero no lo hice por miedo a que nadie pudiera identificar mi cadaver… ¡Chale!
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